Dana.
—¡Eso, muy bien! —anima Tati.
Me encuentro algo sorprendida porque no entiendo nada.
—¿Qué sucede? —pregunto al pasar a la sala.
Tatiana choca los cinco con Dafne y luego me llama con un ademán.
—¡Ven a verlo por tus propios ojos! —dice casi saltando de la emoción.
Al acercarme a la mesa para niños de un color rosado, beso la mejilla de Dafne y luego quedarme boquiabierta.
Un rompecabezas de al menos veinte piezas está armado.
—¿Eso... eso? —digo sin palabras.
Dafne se sonroja y esconde su