Frederick
Mis suegros habían organizado el cumpleaños número cinco de los trillizos por todo lo alto. Era algo que les habían prometieron tiempo antes de que finalmente se mudaran a la ciudad y estaban cumpliendo su promesa.
Globos adornaban cada rincón del jardín, rentaron tres brincolines inflables y trampolines para que todos los niños disfrutaran el día saltando en uno u otro. Hamacas, balancines, toboganes de colores estaban repletos de niños arremolinándose a su alrededor esperando su t