Frederick
En cuanto el botones abrió la puerta para nosotros de la recepción los niños intercambiaron miradas chispeantes.
—Es muy grande —Eloise tenía los ojos muy abiertos, y observaba todo con curiosidad. —Y cuanta gente…—Me sonrió al ver como huéspedes iban y venían en todas las direcciones.
La elegante sala de espera estaba atiborrada de personas que aguardaban que llevasen sus equipajes.
Los botones estaban a tope de trabajo y los recepcionistas no paraban de atender los teléfonos, a