Frederick
El crupier se entregó de forma inexorable a tarea de contar las fichas y comprobar que las barajas estuviesen selladas. Jugaríamos póker abierto de siete cartas, sin comodines. «Póker duro y puro como se juega en Brooklyn, pero con atención de cinco estrellas». Dijo Dogo bastante orgulloso y todos los demás en la mesa rieron, menos yo, que estaba bastante tenso, no quería perder los cien mil dólares que llevaba para obtener la información que quería.
Ellos jugaban con un límite de ap