Un hombre extraño la había tocado inapropiadamante mientras dormía, luego, herido su ego, llamandola 'servidora fea', apenas lo vió salir y le puso seguro a la puerta de la habitación.
Estaba cansada de las sorpresas, de que entes extraños se sintieran con el derecho de invadir su privacidad personal.
Sus animos estaban por el suelo, no solo por la presencia siniestra, también por su aspecto. Dió algunas vueltas ante el espejo, las escamas en su piel, eran espantosas. Por lo menos ya su interi