—¡Es increíble! ¡Tenía que ser una vulgar y horrible loba! —gritó Leo, su voz llena de enojo y desprecio. Era el mano derecha del Rey dragón, y su frustración era evidente.
El salón médico se extendía entre varios anexos bajo la luz blanca, con un piso brillante que reflejaba la belleza del lugar.
Las paredes estaban decoradas con elegantes dibujos de dragones, y la mueblería blanca y los candelabros de cristal iluminaban la habitación con una luz suave.
Era un espacio que debía inspirar tr