¡TODOS ESTABAN INMÓVILES!, en silencio, algunos asustados, otros tragándose su ira…
¡Ninguno era rival para Gael!
—¡¡AAAAAHHHHH!! ¡LO SIENTO! ¡REY GAEL, NO VOLVERÉ A…! —gritaba el dragón longevo.
En ese instante, los ojos violetas del Rey albino se posaron de inmediato en dirección al exterior.
Por las grandes ventanas largas de cristal, donde se veía el cielo gris de ese día y la lluvia torrencial caer con fuerza en compañía de ráfagas de viento. En un parpadeo, Gael se levantó, aparec