Capítulo 30: La boda.
Cuando entraron en el agua tan clara que los grabados en el suelo eran visibles, Connie sintió que su vestido brillaba con más fuerza, como si la magia del lugar se reflejara en él.
Gael se detuvo y, con una de sus garras, hizo un pequeño corte en su dedo, dejando que unas gotas de su sangre cayeran en el agua cristalina.
—Haz lo mismo —le indicó él seriamente.
Esa hembra exhaló con nerviosismo, y también cortó su dedo con sus afilados colmillos, dejando caer un par de gotas de su sangre