Los días transcurrieron con rapidez y el viaje a París sería al día siguiente. Esa noche, en casa de Romma, Sandro preparaba algo de comer mientras la chica hacía las maletas.
—En París será una locura de trabajo, no puedo garantizar que tenga mucho tiempo para dedicarte, Sandro.
—Que eso no te perturbe, siempre habrá algo para hacer en París para un hombre como yo.
—Sí, puedo imaginarlo— respondió ella con una sonrisa irónica —Sólo no te dejes sorprender por una cámara, habrá muchas por todos