Eiden frunció ligeramente el ceño y preguntó retóricamente: —¿Hermano?
—¿Acaso no es así?
—Cris, —dijo Eiden— vi todas esas fotos que me dejaste.
La expresión de Cristina no cambió mucho, solo asintió.
—Pero algunas fueron destruidas por Blanca.
—Normal —dijo Cristina— es tu mujer, puede hacer lo que quiera con tus cosas.
—¡No lo es! —Eiden la agarró de los hombros y le explicó con entusiasmo: —Cris, no me casé con ella, di por terminada la boda cuando me di cuenta de que habías desaparecido. Te