Samuel llegó con vino.
No una botella. Dos. Las extendió cuando Clara lo recibió en la puerta con esa expresión particular de alguien que había pensado cuidadosamente qué traer y había decidido que era mejor traer más que traer menos, porque aún no sabía qué se iba a cocinar ni qué sería lo más apropiado, y quería tener todas las opciones a mano.
Le cayó bien al instante.
No por el vino. Por la forma en que lo sostenía. Esa ligera timidez de alguien que se esforzaba, consciente de que tal vez e