—Quiere un trato —dijo Mara.
Seguía sentada apoyada en el costado de Dominic, con su brazo todavía alrededor de ella, y extendió el teléfono para que él pudiera leer el mensaje. Él se inclinó para verlo y ella sintió que su mandíbula rozaba la parte superior de su cabello, y ninguno de los dos se alejó de eso, y ella era muy consciente de no alejarse de eso.
Lo leyó. Su pecho subió despacio contra el hombro de ella.
—Vane tiene miedo —dijo.
—Debería tenerlo —dijo ella.
—Qué dice tu abogado.