Clara lo encontró en veinte minutos.
Adrian Solis, de cuarenta y tres años, exgerente sénior de registros en Harlow Pharmaceuticals. Doce años en la empresa. Historial laboral impecable: dos años en una oficina gubernamental de registro de salud y cuatro en una empresa privada de documentación médica. Sin antecedentes penales. Ninguna de las bases de datos profesionales a las que Clara tenía acceso gracias a los contactos de su familia no tenía ninguna alerta.
Lo habían despedido hacía diecioch