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A la mañana siguiente Aurora se movió con cuidado por la cama, sintiendo como el dolor físico se apoderaba de ella para demostrarle que en verdad su cuerpo necesitaba un gran momento de descanso. Los rayos de luz solar atravesaban las delgadas cortinas negras de Theo para iluminar con suavidad el lugar. Una de las ventanas permanecía completamente abierta, permitiendo que el viendo mañanero entrara a la habitación. Por un momento Aurora permaneció inmóvil, únicamente escuchando el sonido de las aves y del viendo que corría por tranquilidad. Podía escuchar unos cuantos sonidos que no pertenecían a la naturaleza, escuchaba voces de los trabajadores de Theo. Algunos gritaban, discutiendo sobre los asuntos del jardín. Por un momento deseo estar ahí, trabajando con sus manos en vez de estar sobre esa cama, sintiéndose sucia y utilizada por un hombre que acababa de conocer hace unas cu

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