Aria
—¿Lo vas a extrañar? —pregunté, apretando mi muñeca con fuerza—.
—Suéltame, Zach, cualquiera podría vernos —advertí.
"Que lo hagan." Se encogió de hombros.
No podía dejar de mirar.
Tenía la mano en mi cintura, sujetándome con fuerza.
Era tan guapo que casi dolía mirarlo.
Alto. Hombros fuertes. Su cuerpo le quedaba perfecto a la camiseta. Su piel era suave y cálida, como si hubiera estado al sol todo el día.
Pero sus ojos… esos ojos me cautivaron por completo.
Cuando me miró, sus o