Aria
"Por enésima vez, ya basta, Quinn." Le grité, y se quedó paralizado un rato.
Se quedó allí, junto a la puerta, con los brazos cargados de bolsas brillantes de esas tiendas elegantes, mis tiendas en realidad, de esas con letras doradas que gritaban dinero. Otro día, otra pila de regalos. Ropa de bebé de marca, mantas suaves y esos ridículos ositos de peluche gigantes. Me dieron ganas de devolvérselo todo.
Todos los días era lo mismo. Regalos nuevos, artículos de diseño, a veces flores qu