Capítulo 16

Benita

El hambre me carcomía el estómago, pero la vergüenza me mantenía pegada a la cama. Jamás me había sentido tan avergonzada. Vince estaba sin duda en la cocina. No había escapatoria.

Mi mente volvió a nuestro beso: la suavidad de sus labios, la forma en que mi corazón se aceleró cuando me atrajo hacia él.

Me lamí los labios, aún recordando la sensación.

—Benita, ¿no vas a comer? —preguntó Clarissa.

—No tengo hambre —respondí.

Mi estómago gruñó ruidosamente en señal de protesta. Cerré
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