A su llegada al edificio todo como siempre era dentro de esa formalidad y elegancia que rodeaba a Steve, don Felipe se bajó del carro, le abrió la puerta, Steve se bajó le dio las gracias y con una seña fue él quien caminó hacia la otra puerta, la abrió y le dio la mano para ayudarla a bajar, de pronto esos detalles de perfección, caballerosidad y elegancia la hacían sentir como una reina y era claro que él ya era su rey, aunque no se atrevía a reconocerlo, al menos no en voz alta.
En la entrad