MICHAEL
El pasillo del hospital se siente más frío por la noche.
Me apoyo contra la pared fuera de la habitación de recuperación de Dominic, con el teléfono pegado a la oreja, hablando en voz baja.
—Collins —digo—, lo quiero todo.
—Sí, señor —responde de inmediato. Sin preguntas. Ya sabe que es mejor no hacerlas.
—No me importa si el hombre era un don nadie o un fantasma —continúo—. Quiero su nombre, sus conexiones, quién le pagó, quién estornudó cerca de él esta mañana. Todo.
—Estoy en ello —r