El silencio que siguió al cruce del río no fue alivio, sino advertencia.
El bosque al otro lado no respiraba igual. No había susurros suaves ni movimiento natural entre las hojas. Todo estaba demasiado quieto, como si la vida misma se hubiera retirado unos pasos para observar desde la distancia. Bryan lo sintió en la piel antes de comprenderlo con la mente: aquel territorio no era simplemente antiguo, era vigilado.
Natalia seguía de rodillas, intentando recuperar el aliento mientras sostenía a E