—Basta. —Nathan se levantó de su asiento, tomó por los hombros a la castaña para alejarla de la chica, que apenas se vio libre echó a correr fuera de la estancia — ¿Qué crees que haces? —preguntó molesto.
—¿Qué crees que hacías tú? —gruñó colérica ella.
—Mira quién es la celosa ahora —sonrió victorioso el agente —. No tienes nada que reclamar, estabas haciendo lo mismo que yo, pero a diferencia de ti, yo sí tengo autocontrol, y no ando por ahí queriendo apuñalar a cada persona que se entromete