Capítulo 51. Promesas sin cumplir.
Vicenzo salió del juzgado como si el mismo diablo le pisara los talones, corrió al estacionamiento y golpeó el capó de su auto. Había tanta rabia en su rostro, como miedo. Su corazón latía desbocado y todo lo que deseaba era volver a Nápoles y enfrentar a la persona responsable de su dolor.
«Un hombre que de verdad ama no miente, no engaña, y si lo hace, no puede esperar a que la vida lo trate bien.»
«¿Ha estado enamorado a alguna vez, Vicenzo? ¿Ha sentido la desesperación de perder a ese ser q