El aire en la sala parecía vibrar, cargado de una electricidad estática que me ponía cada vello del cuerpo de punta.
Estaba allí tumbada, abierta de piernas sobre el sofá, con la respiración entrecortada y llena de jadeos desesperados. Me sentía completamente expuesta, no solo físicamente, sino emocionalmente.
Estaba al descubierto cada uno de los deseos ocultos y vergonzosos que alguna vez había sentido por este hombre, y la forma en que me miraba, como si fuera un festín que llevaba años espe