Capítulo 25

Ana Lis.

Sintiendo la piel afiebrada, bajé las escaleras sin ninguna prisa y completamente apática por ir a la universidad. Llevaba un conjunto ligero y zapatillas cómodas, no quería que nada me molestara.

Mis rodillas amenazaban con ceder al subir los escalones, sentía como mi cuerpo sufría el dolor de la malicia humana. Y para colmo, mi cuello se hizo un moratón causado por los dedos de Adriel.

— Sólo me faltaba su firma.

Me detuve en mitad del pasillo cuando oí la voz firme y algo familiar,
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