Tic, tac, tic, tac, ese maldito reloj no deja de girar y este hombre solo está ardiendo en fiebre y yo no puedo hacer nada para poder ayudarlo, yo no puedo hacer absolutamente nada más, más que ponerle una maldita toalla mojada en su frente mientras él parece delirar, mientras él no para de indicar a esas personas que las mataras, que le hará daño, que se vengara, no deja de decir una y otra vez aquello y yo me pregunto que ocurría en los sueños del Duque en este instante, que es aquello que lo