Capítulo 3

Pov de Nyx

El guardia permaneció inmóvil después de que Caspian lo despidiera. Su expresión era completamente inexpresiva.

Caspian giró ligeramente la cabeza.

—¿Qué sigues esperando? ¿No ves que estoy ocupado? —su irritación era evidente en su voz.

—Solo pensé… que entregar a las dos últimas no le favorecería. Es mi deber cuidar de usted.

—No te pedí eso. Solo haz lo que te ordené y deja de entrometerte.

Su voz era tranquila y baja, como si estuviera conteniendo el impulso de matar.

El hombre se acercó un poco más a Caspian. No me miró, pero alcancé a notar la diversión en sus ojos mientras se inclinaba hacia él.

Me quedé sentada en silencio, fingiendo desinterés mientras mis oídos permanecían atentos.

El hombre susurró:

—Supongo que si entrega al resto de sus amantes, ya no quedará nadie para aliviar su dolor.

Lo dijo en voz baja… pero lo suficientemente alta para que yo pudiera escucharlo.

Caspian no respondió de inmediato.

Noté la tensión en su mandíbula.

Fuera cual fuera el dolor del que hablaban, claramente no era un tema que quisiera discutir.

—Y ya dije que deberías encargarte tú mismo —respondió finalmente—. Hazlo como siempre. Y más vale que nada salga mal… o perderás la vida.

El hombre asintió y salió silenciosamente de la habitación.

Caspian y yo volvimos a quedarnos solos.

Permanecí inmóvil, sentada al borde de la cama donde me habían arrojado.

Entonces Caspian se volvió hacia mí.

Su mirada era inquietante.

—Levántate —ordenó.

Al principio no pude moverme.

Había escuchado toda la conversación y fingido no hacerlo.

¿Se había dado cuenta?

¿Qué iba a hacerme?

¿Abusaría de mí?

Él se acercó y levantó mi barbilla.

—¿No me oíste? Dije que te levantaras.

Me puse de pie lentamente, insegura de lo que ocurriría después.

Mi dolor de los últimos días empezó a transformarse más en curiosidad que en tristeza.

—Quítate el vestido —ordenó con frialdad.

Mi respiración se atascó en mi garganta.

—¿Qué? —grité.

“Este imbécil”, pensé furiosa.

—¿Qué? Me escuchaste. Quítate el vestido. ¿No entiendes mi idioma?

—¿No cree que está mal pedirme eso? Es totalmente inapropiado —protesté.

Él soltó una pequeña risa y todo mi cuerpo se tensó.

La rabia y la humillación me atravesaron.

Todos eran iguales.

Por supuesto.

—Si quiere matarme o torturarme, hágalo. Si quiere convertirme en su esclava como pidió Draven…

—¿Draven? —murmuró.

—¡Sí, Draven! ¿Por qué? Usted me sacó de su manada. Así que si quiere matarme, hágalo. Es mejor que vivir como una amante para alguien que comercia personas como si fueran objetos.

Él soltó una risa seca.

—Pero eres mi posesión.

Presionó mis labios con fuerza hasta dejarlos en una línea fina.

—Así que quítate la ropa como te ordené… o dejaré de ser amable.

—¡Jamás!

Caspian suspiró y me miró fijamente.

Por un segundo olvidé cuánto me intimidaban sus ojos plateados.

Después de escucharlo hablar con tanta calma…

Se veían hermosos.

Hermosos y aterradores.

Soltó otra risa baja.

—Entonces, ¿para qué tipo de hombre sí te desnudarías? ¿Para el que te engañó o para el que te vendió?

Me quedé en silencio.

Sin palabras.

Él había ganado.

Mi mente viajó automáticamente hacia Liam.

—Mi hijo… —murmuré mientras nuevas lágrimas llenaban mis ojos.

Caspian puso los ojos en blanco y me lanzó algo.

Un vestido negro doblado.

—Cámbiate —ordenó—. A menos que prefieras caminar por esta manada luciendo como una vagabunda.

Dudé unos segundos antes de girarme y cambiarme rápidamente.

La tela era suave, cálida…

Cara.

Podía notarlo.

Pero aun así se sentía como usar la piel de otra persona.

Cuando me giré nuevamente, Caspian ya había acercado una silla.

Señaló la que estaba frente a él.

—Siéntate.

Obedecí con cautela.

Él me estudió durante unos segundos antes de hablar.

—¿Dónde naciste?

Parpadeé.

La pregunta me tomó por sorpresa.

—¿Por qué importa eso?

—Ya te lo dije. Ahora te pertenezco y obedeces mis órdenes. Yo hago las preguntas y tú sigues viva, lo que significa que tienes que responderlas.

Tragué saliva.

¿Por qué estaba tan malhumorado ahora?

¿Y qué era todo eso de “pertenecerle”?

Definitivamente era su esclava.

—¿No vas a responder?

—¿Ni siquiera sabe dónde nació la esclava que compró? ¿Compra cosas sin revisarlas primero?

—Así que ahora admites que eres mi posesión.

—¡No! Admito que soy su esclava.

—¿En serio? ¿Con ese vestido puesto?

—¿Y eso qué importa? ¿Por qué no me mata de una vez? —grité.

Él frunció el ceño y levantó mi barbilla.

—¿Y desperdiciar todo lo que he estado planeando por culpa de tu ignorancia?

Fruncí el ceño.

—¿Qué está planeando? ¿Qué quiere hacer conmigo?

—Eso no es asunto tuyo. Solo recuerda que sigues viva gracias a mí… y haré lo que sea para que siga siendo así.

Entrecerré los ojos.

—Entonces… ¿no va a matarme?

—No —respondió simplemente—. Te saqué de las manos de Draven. Eso significa que estás en deuda conmigo. Y vas a pagarla.

—No tengo nada con qué pagarle. Debería matarme ahora mismo o devolverme con mi hijo.

Él soltó una risa despectiva.

—¿Qué te hace pensar que tienes voz en esto?

—¿Qué podría darle yo? —espeté—. Soy una Luna destrozada y rota. Usted ya lo tiene todo… excepto quizá dignidad, igual que los otros Alfas.

Una sonrisa peligrosa apareció lentamente en sus labios.

—Si hubieras sido así de astuta cuando estabas con Zade —dijo burlonamente—, quizá habrías entendido lo que es el amor.

Estallé.

—No voy a quedarme aquí sentada mientras se burla de mí. Sáqueme de su juego enfermizo.

—¿Y qué hay de tu hijo? ¿No quieres volver a verlo?

Me quedé completamente inmóvil.

Su voz descendió todavía más.

—¿De verdad vas a dejar que tu hermana gane? ¿Y prmitir que Zade te abandone así? Eres incluso más fácil de lo que pensé.

Negué lentamente con la cabeza.

—No tiene sentido. Nadie me creería. Nunca lo hicieron.

Caspian se inclinó hacia mí.

—¿Y si hacemos un trato?

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