—Exacto. No es para tanto. Solo… lo olvidamos.
—¿De verdad no recuerdas nada? —Ahora sonaba molesto, la voz más afilada—. ¿Nada de nada?
Negué con la cabeza.
—Lo siento. Bebí demasiado y todo después del coche es un vacío.
Me miró un largo momento, algo trabajando en su mandíbula. Luego pareció