Me agaché y levanté a Lucía, la acomodé en mi cadera aunque ya estaba creciendo demasiado para eso, sentí cómo envolvía sus brazos alrededor de mi cuello y enterraba su rostro en mi hombro mientras lloraba.
«¿Por qué me odias tanto?» La pregunta salió cruda y no intenté ocultar el dolor en ella por