Había un aviso en mi puerta.
Papel naranja brillante, imposible de pasar por alto, con letras negras en negrita que me revolvieron el estómago antes de siquiera leerlas.
**AVISO DE DESALOJO**
No. No, no, no.
Mis manos temblaron mientras me acercaba, leyendo las palabras que no podían ser reales.
*De