—¿Qué te crees, no tengo interés en ti!—despreció Gonzalo con desdén.
—No, te interesará—respondió Christian con indiferencia.
—Chico, deja de decir tonterías. Te advierto, desaparece inmediatamente de delante de nuestro joven señor, o no te lamentes de que no sea amable contigo—exclamó fríamente uno de los secuaces de Gonzalo detrás de él, emanando una gran fuerza que se abalanzaba sobre Christian como una avalancha.
¡Definitivamente era un experto gran maestro!
El rostro de Christian cambió al