En ese momento, junto al señor Fuentes se encontraban dos guardaespaldas, altos y fuertes, claramente entrenados y expertos. Para ellos, lidiar con Christian, un simple delincuente, era pan comido, una tarea fácil y sencilla. Estaban llenos de confianza y burla, como si ya tuvieran a Christian en sus manos y no pudiera escapar.
—De acuerdo, continúen—asintió Paula, apartándose.
Todos quedaron perplejos. Pensaron que Paula se interpondría, pero nadie esperaba que se apartara tan obediente. Fue al