—Lucía, no lo toques—exclamó el señor Castro sorprendido, levantando el brazo para detener a su nieta.
—Abuelo, ¿qué estás haciendo? Christian está herido, ¡debemos llevarlo rápidamente al hospital!
Lucía estaba desesperada, golpeando el suelo con impaciencia y a punto de llorar.
—No te preocupes, se está curando por sí mismo—consoló el señor Castro. —Además, es muy hábil en medicina, seguramente tiene una forma de cuidarse. No es necesario que vayamos al hospital.
Él sabía muy bien que con las