—Pero tú, ¿acaso has perdido tu conciencia?
Isabel se indignó más y más, defendiendo a Christian.
—¿Qué?
—Él me recomendó y además quería compartir el mérito conmigo.
—¡Esto... esto no puede ser!
Pablo quedó sorprendido, como si hubiera sido golpeado por un rayo, quedó paralizado en el acto.
—No hay nada imposible.
—Si no me crees, puedes preguntarle a la presidenta López.
Dijo Isabel fríamente.
Carmen asintió con la cabeza.
—Lo que dice la asistente Sánchez es cierto.
—En ese momento, ella y C