Viendo cómo Dolores y Christian desaparecían gradualmente, Juan apretaba los puños con fuerza y su mirada estaba llena de odio.
—Chico, hoy insististe en venir, no me culpes por arreglarte las cuentas. Es una oportunidad perfecta para vengarme de lo que pasó la última vez en el hospital.
—Si vienes a morir voluntariamente, ¡te concederé ese deseo!
Juan tenía una expresión feroz mientras sacaba su teléfono móvil y comenzaba a marcar un número.
En el pasillo.
Dolores y Christian caminaban juntos