—¡Bien, esto es lo que te has buscado!
—Hermanos, atáquenlo, golpeen a este chico hasta dejarlo lisiado y luego tírenlo a la calle para que los perros se lo coman.
Joaquín rio furiosamente y agitando su mano dio la orden de atacar.
Estos secuaces ya estaban preparados. Agitando sus armas, se abalanzaron hacia Christian con una mirada feroz.
—Bien hecho, veamos cómo los enfrento.
Christian gritó en voz alta. Para proteger la seguridad de Carmen no se alejaba ni un paso de ella e incluso evitaba c