Ignacio estaba emocionado y salió con el contrato en la mano. El precio indicado en el contrato anterior era de cincuenta mil millones, así que necesitaba imprimir dos nuevos contratos. No pasó mucho tiempo antes de que Ignacio regresara con los contratos impresos.
—Presidente Muñoz, ¿puede firmar ahora?—le entregó Ignacio el contrato.
—Sí—respondió Presidente Muñoz de buena gana, tomando la pluma para firmar.
En ese momento, se escuchó un estruendo cuando la puerta de la sala VIP fue derribada.