—Presidente Martín, ¡por fin estás aquí!— Alejandra forzó una sonrisa y se levantó para recibirlo.
—Alejandra, tengo muchos asuntos y no pude venir antes. Espero que no estés molesta...— el Presidente Martín se rio, aunque en su interior no le pareció apropiado. Si él tenía una petición, ¿no era natural que esperara un momento?
—Presidente Martín, por favor, siéntese— Alejandra estaba molesta, pero no podía mostrarlo y tuvo que tragarse su frustración.
Luego, ambas partes se sentaron, y Alejandr