—Bien, muy bien.
—Chico, esto es lo que has buscado.
—Ya que deseas la muerte, ¡te la concederé!
—Gente de la familia Carmona, obedezcan. Atráiganme a este chico, recuerden, ¡deben capturarlo vivo! No quiero que lo maten.
El señor Carmona rio con enojo.
Luego, sin más palabras innecesarias, levantó la mano y, con decisión, dio la orden a los hábiles miembros de la familia Carmona que lo rodeaban.
Sabía muy bien que la fabricación de elixires no era tarea fácil, y la fórmula y secretos principale