Con un estruendoso sonido, el Quinto Anciano sintió como si hubiera sido golpeado con fuerza, siendo lanzado por el puñetazo de Christian a dos o tres metros de distancia, cayendo pesadamente al suelo.
Al tocar tierra, se sujetó el pecho dolorido con una mano, sin poder contenerse, escupió dos bocanadas de sangre consecutivas, y se derrumbó en el suelo con un aspecto de debilidad y sin fuerzas.
Era evidente que había sufrido graves lesiones internas y había perdido toda capacidad de lucha.
Afort