—Pequeña, ¿quién eres?
Al ver a Leocadia, de aspecto asombrosamente hermoso, Amadeo, sorprendido por su belleza, no pudo evitar sentirse perplejo, sin poder adivinar quién era Leocadia.
—Soy Leocadia —respondió Leocadia con una voz encantadora, tan melodiosa como un susurro celestial.
—¡Tú eres la señorita Leocadia de la familia Romeo!
Al escuchar esto, Amadeo y Amalio se sorprendieron enormemente. Aunque nunca habían visto a Leocadia en persona, habían oído hablar de su reciente secuestro por p