—Bueno, ya es tarde, todos nosotros deberíamos irnos.
—Christian, Lucía y las demás quedan bajo tu cuidado. Espero que cuando tengas tiempo, te ocupes dellas y te asegures de proteger su seguridad —dijo el señor Castro, desviándose un poco del tema y dejando algunas palabras de precaución a Christian.
—Sí, señor Castro, Clara y Andrea también están en tus manos —se sumaron Víctor y el señor Benítez.
—Sí, señor Castro, por favor, confíe en que las cuidaré bien —prometió Christian solemnemente, au