—¡Impresionante!
Ver cómo Christian derribaba a Urbano y a los demás en un parpadeo dejó a el señor Castro y a el señor Benítez con la mandíbula a punto de caer al suelo.
Miraban con incredulidad a Christian, que estaba de pie frente a ellos con una presencia imponente, frotándose los ojos sin creer lo que veían.
Conocían bien la habilidad de Christian. Hace poco, cuando aún no se había ido de Ciudad Baja, su destreza no superaba el nivel posterior de Rey de Batalla.
Pero ahora, lo inimaginable