—Abuelo, ¡no tienes que preocuparte! —dijo Urbano de repente mientras se levantaba.
A pesar de que Christian le había roto las piernas la última vez, después de un período de descanso reciente, sus heridas casi habían sanado por completo. Aparte de un poco de cojera al caminar, no tenía ningún problema grave.
—¿Qué solución tienes, cuéntanos! —el señor Figueroa y los miembros clave de la familia Figueroa volvieron su mirada hacia Urbano.
—Bueno, aquí está la idea. En la generación más joven del