—¡Qué estupidez!
Cuando Amalio se apresuró a confrontar a Genaro, Hilario no pudo evitar una expresión burlona en su rostro.
Galileo era un señor del crimen y había muy pocas familias que pudieran enfrentársele en el sur.
Y aquí estaba Amalio, un simple heredero de la familia Larios, pensando en discutir con Genaro. ¡Nada más que una tontería!
—Bien, ¡la subasta de hoy se cancela!
—¡Todos pueden irse! —anunció Genaro y, sin siquiera mirar a Amalio, se dio la vuelta para marcharse.
—Genaro, por