—Claudio, en consideración a que somos hermanos, esta vez te perdonaré a ti y a Leocadio.
—Pero si hay una próxima vez, no te sorprendas si me vuelvo implacable.
El señor Rivera habló fríamente.
—Aprecio tu perdón, hermano mayor.
—Prometo que no habrá una próxima vez.
Claudio se sintió aliviado y agradecido, luego él y Leocadio se pusieron de pie, sintiendo alivio por haber escapado a las consecuencias.
—Además, les doy tres días.
—En tres días, deben vender una compañía farmacéutica a Christian