—¡Eso no depende de ti! —dijo Plácido con una sonrisa fría.
Con sus palabras, como si estuvieran respondiendo a su llamado, varios guardias de seguridad de la empresa fueron alertados por la situación y se apresuraron a llegar.
—¡Arresten a todos ellos! —Plácido ordenó a varios guardias jóvenes y robustos con un gesto de su mano.
—¡Sí!
Los guardias recibieron la orden y se abalanzaron hacia Christian y los demás con una mirada maliciosa.
—¡Te vas a arrepentir! —Christian rio con furia. Sin siqui