—Pongo ciento veinte millones —dijo Urbano apretando los dientes.
Para mantener su dignidad como el Gran Joven de la familia Figueroa frente a todos, él aumentó el precio nuevamente, esperando que Christian se diera por vencido.
—Pongo ciento cincuenta millones —dijo Christian fríamente, sin sentir la presión en absoluto.
—Maldición —murmuró Urbano, su rostro luciendo desagradable.
Ciento cincuenta millones ya no eran una cantidad pequeña para él. Además de su sorpresa, no podía entender cómo un