A la mañana siguiente, el sol brillaba radiante. Dentro de la habitación, Christian yacía en la cama con Carmen acurrucada en sus brazos, ambos durmiendo profundamente.
En ese momento, sonaron fuertes golpes en la puerta, despertando a los dos de su profundo sueño.
—Christian, ¿todavía no te has levantado? —se escuchó la voz de Andrea, impaciente, desde afuera.
—Andrea. ¿Cómo llegó aquí? —exclamó Christian en susurros.
—Christian, debemos levantarnos rápidamente antes de que ella nos descubra —