Christian tomó la mano delicada de Lucía, aprovechando la oportunidad, y dijo con audacia: —Lucía, ya que ahora confías en mí, ¿puedes darme esa hierba medicinal?
—No te la daré—respondió Lucía fríamente.
—Acabo de decir que no te la daré—Lucía resopló, retirando su mano de la de Christian.
—¿Por qué? — Christian estaba tan sorprendido que casi se le cae la mandíbula al suelo. Pensó que Lucía ya se había calmado, pero nunca imaginó que todavía se negaría.
Había simplificado demasiado las cosas