24. El mejor día de mi vida
—¿¡Por qué me pegas!? —exclamó Gabriel furioso, apretando los dientes—. Ya se te hizo costumbre —bufó, sobando su mejilla.
—He permitido que me hagas la vida imposible, incluso, me he armado de paciencia para soportarte —suspiró—. Pero jamás, escúchame bien, jamás, voy a permitir que le hagas daño a mi hermano —gritó.
—¿Estás loca? —cuestionó—. Conocí a Timmy por casualidad.
—Claro, así como por casualidad me ofreciste ese estúpido trato, para que renuncie a la herencia. Una coincidencia, ¿n